La vida de Pablo García está en Grecia, adonde llegó en 2008. Allí, como jugador del PAOK, llegó a ser amado por sus hinchas, que aún le veneran. Tanto que, pese a retirarse de forma efectiva en el Xanthi, otro Primera griego, García se quedó en Salónica. Primero fue director deportivo y ahora es el técnico del filial.

En diciembre de 2016, el ex futbolista uruguayo concedía una entrevista a MARCA en la que relataba cómo era su vida en Grecia y se sinceraba sobre su pasado. “No quiero entrenar ya al primer equipo ni nada. Soy paciente. Quiero acumular experiencia, sacarme el título oficial, sin ninguna ansia. Aquí, quizá junto a la época de Osasuna, fue donde mejor me sentí como futbolista. Me siento muy identificado por cómo vive la gente aquí este deporte, con pasión, con fuego”.

“En el Real Madrid nunca me sentí cómodo. Había demasiado glamour. Recuerdo que un día, mientras entrenábamos con Beckham y compañía, había dos o tres cámaras especiales grabando un anuncio… A mí eso no me iba. Yo soy de otro modo, más de pueblo. Me gustan las ciudades pequeñas, sin tráfico. Y el fútbol lo vivo de otra forma. De todas formas, jugar en el Madrid fue una gran experiencia. Del Madrid me queda la gente que conocí, como Zidane, un grande como jugador y como persona. Un tipo sencillo, como me gusta a mí la gente. Era impresionante”.

Una calle en su honor

Pablo permanece en Salónica, donde es idolatrado pese a no conseguir ningún título oficial en sus cinco años de jugador. “Nunca imaginé que acabaría aquí, pero el destino es así. Mi familia está bien y yo ya lo entiendo todo en griego”. Los habitantes de Arnaia Halkidiki, un pueblo cercano a Salónica, ofrecieron a Pablo García una ceremonia en su homenaje y le pusieron su nombre a una calle. En la misma, llamada Pablo García, se encuentra la sede de los hinchas del PAOK.